miércoles, 17 de agosto de 2011

Perlita y el Salvareo.

Hoy ya estoy trabajando. Se pasaron las dos semanas de vacaciones y me ha tocado soportar las tonterías de siempre:" ¿Qué tal las vacaciones? ¿Cortas, verdad?". En fin, que la gente no es nada original, pero tampoco puede ir uno mandando a la mierda a todo el que sea poco original, así que una sonrisita, una contestación de compromiso, y a otra cosa mariposa.

Ya se me han acabado las vacaciones hasta Navidad, pero a pesar de ello, este verano ha sido satisfactorio, porque María ha hecho dos grandes avances que yo no creía que fueran a suceder todavía:

  • Ha aprendido a nadar. No ha necesitado cursillo de natación, la pobre se aterrorizaba sólo de oirlo nombrar. Un día que vino una amiga suya de su edad (6 años), le dio vergüenza ver que sabía nadar y ella no, y me preguntó: "Papá, si yo me pongo a nadar, ¿me voy a hundir?". A lo que le respondí como buen padre: "No, y si te hundes yo te sujeto". Visto y no visto. Se lanzó a nadar y un mes después se atreve con todo, ya sea agua salada o dulce, tranquila o con oleaje. Objetivo conseguido.
  • También ha aprendido a montar en bici. En cuanto veía que se inclinaba hacia un lado, a pesar de estar sujeta por mí, se cabreaba y ya no quería seguir intentándolo. Por suerte, una compañera del trabajo me dejó una bici sin pedales para niños, y después de tres veces que montó en ella ya mantenía el equilibrio. Ahora ya monta en bici con pedales, y a excepción de los bandazos que da al arrancar ya se puede decir que sabe montar en bici. Objetivo conseguido.

Sofía se fue la primera semana de Julio a un campamento del colegio en Cuenca. La experiencia le ha gustado mucho y se ha hecho mucho más campestre de lo que era antes. Dentro de poco será capaz de hacer grandes caminatas, así que tendré más fácil convencer a los niños para ir a los Pirineos algún verano.

Pero sin duda, la estrella de este verano ha sido Perlita, la mascota de María durante una semana. A pesar de que siempre les digo a los niños que de mascotas nada de nada, este verano he accedido a que subieran una a casa, pero sólo el tiempo que estuviéramos en la playa, después habría que soltarla.

La verdad es que no  nos ha dado nada de trabajo. Se ha portado bien, no ha hecho ruido y no nos hemos dado casi cuenta de que estaba con nosotros.

María se la encontró por la playa y la cogió. No pude negarme ante su insistencia infantil, sobre todo cuando me dijo: "La voy a llamar Perlita". La vi tan ilusionada que le dije que se la llevase a casa. Así que cogimos agua del mar y pusimos a Perlita en una pecera improvisada con arena y agua.

¡Ah! se me olvidaba: Perlita era una almeja de unos dos centímetros de largo. Ahora ya está en el mar que la vio nacer. Ahora mismo me estoy emocionando al recordarla. Snif.

Otro suceso digno de mención fue el accidente de Álvaro con un pez llamado Salvareo o algo así. El susodicho pez se esconde bajo la arena dentro del agua y tiene tres espinas que le sirven de protección. El pobre Álvaro estaba tan contento saltando las olas y va a caer precisamente encima de uno de estos bichos. Al principio pensamos que se había clavado un trozo de concha o algo así, pero como se quejaba demasiado le llevamos a la Cruz Roja y allí le quitaron el veneno de los dos pinchazos que tenía. Álvaro se quedó tan tranquilo, y con una historia que contar a los abuelos y a sus amigos del cole.

También hemos subido todos al monte Buciero, en Santoña. Llevaba yo años intentando ir otra vez allí, y por fin lo hicimos. Lo que más les gustó a los niños fueron las escaleras que llevaban hasta el Faro del Caballo, a pesar de que sólo bajamos 81 peldaños de los 700 que hay. Estábamos muy animados a ir al año que viene otra vez y bajar hasta el faro, pero después de ver un vídeo en YouTube (http://www.youtube.com/watch?v=3ls9-euO70c) de cómo lo han dejado algunos de los energúmenos que pasan por allí, se me han quitado las ganas.

Bueno, aquí lo dejo. Ya he soltado bastante rollo.

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